METODOLOGÍA:

     Conforme a la experiencia educadora de la Iglesia, aplicaremos la metodología del «ver-juzgar-actuar- revisar-celebrar”. De las tres primeras, decía el Papa Juan XXIII: «es muy oportuno que se invite a los jóvenes frecuentemente a reflexionar sobre estas tres fases y a llevarlas a la práctica, en cuanto sea posible. Así los conocimientos aprendidos y asimilados no quedan en ellos como ideas abstractas, sino que los capacitan prácticamente para llevar a la realidad concreta los principios y directivas sociales».
El ver-juzgar-actuar es una metodología orientada para la acción transformadora de los cristianos en sus ambientes y para la superación del divorcio entre la fe y la vida que es precisamente lo que necesitamos para llevar adelante nuestro plan global como un estilo de vida y una espiritualidad, que vive y celebra el descubrimiento de la presencia de Dios en la historia, la actitud de conversión personal continua y el compromiso para la transformación de la realidad.

1. Ver: Es el momento de tomar conciencia de la realidad. Es partir de los hechos concretos de la vida cotidiana, para no caer en suposiciones ni abstracciones y buscar sus causas, los conflictos presentes que generan y las consecuencias que se pueden prever para el futuro. Esta mirada permite una visión más amplia, profunda y global que motivará más adelante a realizar acciones transformadoras orientadas a atacar las raíces de los problemas. Utilizando algunos de los instrumentos de conocimiento de la realidad que proponen las ciencias sociales. Hay que tener en cuenta asimismo que ninguna mirada de la realidad es neutra: siempre están presentes en ella presupuestos teóricos inspirados en criterios, valores, ideologías, etc.

2. Juzgar. Es el momento de analizar los hechos de la realidad a la luz de la fe y de la vida y el mensaje de Jesús y de su Iglesia, para descubrir lo que está ayudando o impidiendo a las personas alcanzar su liberación, llegar a vivir como hermanos y construir una sociedad de acuerdo al proyecto de Dios. Es decir, es que dicen la Palabra de Dios y los documentos de la Iglesia y dejar que cuestionen la situación analizada y los presupuestos teóricos que condicionaron la mirada del momento anterior. Juzgar exige un conocimiento cada vez más profundo del mensaje cristiano, un ambiente de oración, un diálogo profundo con Jesucristo presente en la vida de los cristianos y en la vida sacramental de la Iglesia, una purificación cada vez mayor del egoísmo y una explicitación de las razones fundamentales que animan la fe. Es un momento privilegiado, pues en él se sitúa lo específicamente cristiano de esta propuesta metodológica.

3. Actuar. Es el momento de concretizar en una acción transformadora lo que se ha comprendido acerca de la realidad (ver) y lo que se ha descubierto del plan de Dios sobre ella (juzgar). Es el momento de la práctica nueva y del compromiso. Hace participar a otros, no queda reducida sólo a la esfera de lo personal sino que procura incidir realmente en la realidad social. Ser agente transformador es ser fermento en la masa, es hacer de la propia vida un testimonio de fe de la presencia de Jesucristo en la vida como en la historia y una vivencia comprometida de su seguimiento. Es colaborar activamente en la construcción de la Civilización del Amor. El objetivo de este momento es determinar aquellas actitudes que las personas deben cambiar en sus vidas, los criterios de juicio que deben ser transformados, los hábitos que son cuestionados por la Palabra de Dios y las acciones que se van a desarrollar para poner en práctica las nuevas responsabilidades asumidas. Responde al planteo “¿Qué exige el Señor ante los hechos revisados?”. Las acciones procuran atender no sólo al cambio personal, sino también al de la comunidad.

 
4. Revisar. Es el momento de la evaluación que implica tomar conciencia hoy de lo realizado ayer para mejorar la acción que se realizará mañana. Puesto que la realidad es dinámica, la evaluación enriquece y perfecciona la misma visión de la realidad y, al mismo tiempo, sugiere acciones nuevas más profundas, críticas y realistas. Se trata de verificar el grado de cumplimiento de los objetivos y la forma de asumir las responsabilidades, de evaluar el proceso, de preguntarse por las consecuencias de las acciones que se están realizando y de encontrar formas para afianzar los logros, superar las dificultades y continuar avanzando. La evaluación valoriza las conquistas alcanzadas, permite experimentar alegría por el camino recorrido, hace consciente el crecimiento de las personas y pone en común las experiencias vividas por los jóvenes que compartieron el mismo compromiso. Este es un momento muy importante de la metodología, sin él no se pueden alcanzar los frutos esperados. Sin evaluación, la acción deja de ser transformadora, no se valoran los logros ni se aprende de los errores, no se estimulan nuevas acciones, el grupo se detiene y muere.

5. Celebrar. La percepción de conjunto de todo el proceso: el descubrimiento del Dios de la vida en la realidad personal y social (ver), el encuentro con él en la Palabra (juzgar) y el compromiso por la transformación de la realidad (actuar), llevan espontáneamente a la celebración gratuita y agradecida de la experiencia vivida. Para el cristiano, la fe y la vida están integrados; por eso hay que celebrar las victorias, los logros y fracasos, las alegrías y tristezas, las angustias y esperanzas, la vida del grupo, la penitencia y la conversión, la unión y la organización. Celebrando la vida concreta se reconoce la presencia de Dios liberador haciendo historia con su pueblo. El Celebrar revela y alimenta la dimensión litúrgica y sacramental de la realidad (ver), del discernimiento de la voluntad de Dios (juzgar) y del compromiso transformador (actuar). La celebración fortalece la fe y pone al grupo y a sus miembros en contacto directo con el Misterio central del cristianismo: la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.
Es un método y sobre todo, un camino de espiritualidad en orden a hacer coherente y adulta la vida cristiana vivida en comunidad y a construir una comunidad eclesial presente en la sociedad, al servicio del Reino de Dios.
Este plan es un instrumento dinámico y manejable en manos de cada educador, se trata de convertirlo en fermento de toda la vida de la escuela, de manera que podamos ir construyendo una escuela en Pastoral.
Por la proyección que tiene sobre todos los miembros y grupos de la Comunidad Educativa, deseamos que todos se sientan corresponsables, conforme a sus posibilidades y nivel de compromiso con la escuela, en el proceso de elaboración, desarrollo, aplicación y evaluación del Plan global. Para conseguirlo empleamos una metodología de trabajo que corresponde al proceso catequético, partir de la vida, iluminarla con la Palabra, expresarla en oración y celebración y llegar a comprometerse en obras concretas favoreciendo así el protagonismo y la participación de los destinatarios.
Una valoración de la pedagogía de la presencia, con una continua renovación pedagógica, creativa e innovadora. Los procesos de personalización, apertura y maduración integral de las personas. El trato personalizado y la utilización habitual del “método persuasivo” La adquisición de una conciencia social comprometida con la propia realidad de la escuela y su entorno, y manifestada en la opción preferencial por los más pobres.
La metodología para la implementación de la adoración eucarística para niños, consta de una parte teórica y otra práctica. La primera se abordará desde catequesis, donde se realizará la formación correspondiente a través de diferentes talleres y la segunda se realizará en encuentros acordados en la capilla y el oratorio que estará a cargo de un guía que irá moderando la adoración con oraciones, alabanzas y canciones acordes a la convocatoria.

"Creemos que la verdadera educación es la que nos ayuda a descubrir y encarnar los valores que nos hacen cada vez más humanos, que nos acercan a Dios."

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